Paisajes solares (Sunscapes)
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El primer día no se podían ver con claridad. El aire caliente desenfocaba los picos que se alzaban enormes frente a nosotros. Fue la lluvia de la mañana quien ayudó a despejar sus cumbres, que parecían cubiertas con un telón viejo, justo como los carros de Berat, o mis pies al borde del adriático el día que sentí el hormigueo en los empeines. El pelao del hostal le contaba a la pareja sentada junto a nosotros mientras les servía el café amargo, el pan y el queso feta, que en invierno no hay manera de entrar a este lugar. Ni tampoco de salir. La nieve lo inunda todo, y hasta el tiempo se congela. Cada vez más largo, y más lento, dijo mientras puso las masas fritas de harina, las mismas que rellené de miel el día que caminamos al Ojo Azul.
Azul, justo como el color de las cosas a la distancia. Al menos durante las horas previas al sol tangente, donde todo se incendia en un abraso prendido por el horizonte. Las islas, los montes. Las personas que se duermen bajo la sombra azotada por la luz, por el salitre y el reggaeton albano. Cuanta materia flotando en el aire. Cuanta silueta, y falta de definición. Cuantas cosas a lo lejos, azules. Hasta que el sol bajaba la temperatura con el rojizo destello de su atardecer. Toda una experiencia contraintuitiva del color, del calor. Cuanta piedra y cuanta paciencia. Al respirar para no desesperar por la temperatura del agua en las montañas. Al doblar la curva y orillarse por la velocidad de algún carro sin empatía. Al caminar por las trochas terracotas dirección al mar. Al darme cuenta que volví y que todo empieza a teñirse de azul, mientras siento que tiendo ropones color cumbre en verano sobre aquellos recuerdos que no quiero perder debido a la intensidad de un sol que no se detiene.Between 
Between Berat, Himara y Theth
Albania

08.2024
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