A unos cuantos metros del edificio más pesado del mundo, la mujer sostiene doscientos pesos, subiendo y bajando el brazo en un gesto por medir su ligereza.
Me hubiera gustado contarle que era mi primera vez en Bucarest con sol, que había pasado la noche en la ciudad hace unos meses, pero sin ver la luz del día; y que en esa ocasión también me entere de una muerte.
Señora, mi padre cumplió años hace unos días, lo llamé mientras salía de una iglesia ortodoxa a la que habíamos entrado para apaciguar el sofoco de los días largos. No le pude ver sus lagrimas por los pixeles, pero escuche su voz solloza interrumpida, junto al canto de la gitana que resonaba en el bajo nivel que cruzaba la calle. Falleció Berta, a quien no veía hace un par de años. Y me hubiera gustado contarle, mientras pesa la integridad de un obsequio simple símbolo de valor, que pienso en Claudia, en Pablo; en Alejandro y en Michelle. Que pienso en mi abuela, también, y en sus hermanas.
Señora, no sabe cuanta razón tiene. Yo veo el mundo a través de sus ojos, nos dice usted, mientras pesa la ligereza de doscientos pesos con el gesto oscilante de su palma, sintiendo la resistencia casi inexistente en su cuerpo al interponerse en la atracción entre el centro del mundo y esa moneda.
Ojalá, señora a la que le brillan los ojos, a la que le gusta sentir la sutil oposición de lo leve a la gravedad; ojalá pudiéramos ver el mundo a través de los ojos de los demás. Yo también me despediría deseando que tuvieran a beatiful life.
Between Sibiu and Bucarest
Rumania
05.2025
Rumania
05.2025